Primero fueron los cuestionamientos en torno a su nombramiento como secretario de Gobernación, por aquello de no cumplir el requisito constitucional de nacionalidad. A Juan Camilo lo treparon al carrito y empezó el recorrido con un subidón al desprestigio.Ya sonaba desde antes, como el hombre fuerte del presidente. Tras su llegada al ministerio del interior se confirmaba su poder, al convertirse -oficialmente- en el segundo de abordo del gobierno y obvia fuerte carta hacia la candidatura de Acción Nacional para las elecciones presidenciales de 2012.
Desde su puesto anterior -como Jefe de la Oficina de la Presidencia- nunca imaginó el escándalo que su nuevo cargo le significaría a la administración de su jefe y padrino político Felipe Calderón.
Los ánimos de la pugna por su nacionalidad se apaciguaron. Corta bajadita, no tan empinada. Otras noticias como la elección de candidatos presidenciales en EU, distrajeron a los medios y la opinión pública. La guerra contra el narcotráfico, el bombazo de Chapultepec, la marcha campesina y otros temas atrajeron las miradas de prensa y público.
De repente, AMLO y sus huestes dieron a conocer una serie de documentos de PEMEX, firmados por el flamante chico super poderoso, en los que fungía como juez y parte. Al tiempo que era funcionario público -ocupando la subsecretaría de Energía bajo las órdenes del entonces Secretario Calderón, así como la secretaría de la Comisión de Energía en la LIX legislatura de la Cámara de Diputados -signó convenios y contratos entre las empresas de su familia y la paraestatal. Aferrado a su pobre defensa pública, cayó en picada.
El affairse Mouriño estuvo en boga durante muchas semanas, mientras la oposición iba ganando terreno en la discusión contra la posible iniciativa de reforma energética que presentaría el gobierno y los supuestos fines privatizadores de ésta.En su nivel más crítico y al borde de la asfixia política, Iván tomó un gran respiro gracias al oxígeno que le dejó el desplazamiento de la atención mediática hacia la disputa interna en el PRD. También, el bombardeo del ejército colombiano a las FARC en territorio ecuatoriano -donde murieron 4 mexicanos y sobrevivió una estudiante de la UNAM- atrajo la atención nacional durante varios días. De nuevo, con un perfil relativamente bajo, el titular de Bucareli pudo sortear momentáneamente el escándalo, mas no se libró en definitiva.
Ahora, el caso Mouriño yace bajo dos sucesos que tienen paralizada a la política nacional. No sólo Encinas y Ortega hicieron olvidar a Juan Camilo, sino que la discusión en torno a la reforma energética, las movilizaciones de López Obrador y la toma de las dos cámaras del Congreso de la semana pasada, mandaron al archivo el tema del conflicto de intereses del nobel político madrileño.
La discusión está frenada. La parálisis legislativa se superó y ambas cámaras sesionaron hoy en sedes alternas. Ahora el debate es de números: 120 vs 50 días. Cuatro meses contra poco menos de dos. Pero entre días, sedes, protestas, albazos, ayunos, fast tracks, mítines, negociaciones y discursos, parece que las adelitas son ahora el foco de críticas de los exaltados incendiarios de la democracia liberal. De Mouriño ni quién se acuerde.El paseo ni lo despeinó. Subió y bajó de la montaña, ni se mareó. ¿Habrá alguien en esta feria que lo vuelva a subir a los rieles? El problema es que todos están arriba. Muchos andan a media vuelta y de cabeza. Cuidado que hay quienes a medio bajón vomitan... y salpican.
1 comentario:
Muy bueno tu post =), creo que la alegoría de la metáfora le queda perfecto al niño Ivan.
A mi punto de vista de ha salvado por el momento, pero se desaturen las agendas settings de los medios volverán a retomar a Juanito y su paseo tendrá nuevas curbas y picadas.
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